Me presento.
Sin decir mi nombre, no lo creo necesario ahora.
Alguna vez me dijeron que terminaría siendo asesina en serie, cortando gargantas que se cruzaran a mi paso, pues mi debilidad es la de callar a todo cuanto hable cosas que no me interesa escuchar. Así le llamo, debilidad, pues será más facil que me creas vulnerable y será más fácil para mi acercarme a ti y a tu vida.
Me agarró fuerte del cabello e intentó que me doliera, hice un extraordinario esfuerzo por no mostrar expresion alguna, me tomaba tan fuerte que se quedó con un buen puño de mi en su mano izquierda. Mi cuero cabelludo empezó lentamente a sangrar, no esperaba un lo siento, es decir, no esperaba nada, un profundo silencio hubiese sido perfecto.
-Te lo mereces-
No, no pienso que no lo merezco, quizás lo merecía por ser tan débil, por no decir nada, por no quejarme ni hablar, no salió de mi un reclamo, un reproche, siquiera una lágrima.
Lo único que brotó de mi fué aquella sangre, espere a que me dejara sola y fui lenta y minuciosamente al baño, con un algodón y agua, me limpié y después puse un poco de alcohol, así es, me curaba, me cuido. La piel se hace más fuerte mientras más dolor le causes, así es el alma, invento abstracto del hombre.
Un día quise ser normal, quise alimentarme con material como las personas, robé (si, soy un ser sin arrepentimientos) algo de dinero y mi pasaporte, tomé un autobús hacia la ciudad, un taxi hacia el aeropuerto y pregunte cual era el próximo vuelo, me dijeron que no podían entregarme un boleto sin la firma de un adulto.
- Es necesario que sea familiar?-
- No, solo debe firmarme estas hojas-
Las tomé rapido y con una maleta pequeña busqué a alguien que me inspirara necesidad. Al final vi a una señora con un bebé, le explique (mintiendo) que había comprado mi boleto por Internet, mis padres me enviaron sola en autobús debido a su empleo, y no tenía familia aquí, pero que podía pagarle si quería, porque tenía dinero de mis padres.
- No te preocupes, déjame sacar una pluma y mi credencial de elector, una vez ya le hice el favor a un chico, vamos, que aerolínea es?-
Firmó las hojas, eran como 3, le dí las gracias y me fuí a la sala de espera con mi boleto en mano.Entre tanto ruido me concentré en no escuchar absolutamente nada que no perteneciera a mis entrañas hambrientas y mis pensamientos.
Pensaba si aquel chico del que me habló la señora había sido sincero, no había utilizado la mentira para engañar a aquella buena mujer. No tenía remordimientos, sólo me invadía la curiosidad sobre aquel chico, quizás sea parecido a mi, quizás mintió también para huir de su mounstrosa realidad.
A veces me invade la necesidad de querer ser mas fuerte. Confieso practico aquello de la automutilación, a una corta edad quería saber porqué me quitaban siempre las herramientas de papá, me decían que era peligroso y que aquellas cosas no eran para niños, tomé el martillo que no cabía en la caja de herramientas (ya cerrada, por seguridad), y lo dejé caer sobre mi pie derecho. Tenía miedo que me regañaran así que puse el martillo de donde lo tomé e hice como si nunca hubiese pasado nada.
Me sentía bien porque me estaba ahorrando un regaño y había saciado mi curiosidad.
Desde ahí le tomé el gusto a aquello de lastimarme. Me dolía, es cierto, pero no tenían porqué enterarse. Solo yo sabía lo que sentía y podía seguir saciando mi sed curiosa, de aprender, del dolor.
Os contaré luego lo que pasó después que baje del avión, en una ciudad llena de luces por todos lados, ruido y gente con sombreros extraños.